¿TE DAS CUENTA DE LO QUE PASARÍA SI TE DIJERA
QUE TE AMO CON LOCURA?.
No es que esté confesando que te quiero, tampoco que te extraño, ni mucho menos que te necesito. Simplemente, me parece necesario aclarar todo, antes de dar por sentado que este capítulo está terminado. En realidad debería haberlo terminado hace ya un tiempo atrás. Pero quién sabe, tal vez no era tiempo, o no estaba preparada, tal vez todavía albergaba esa necesidad intangible de creer que si yo te lo pedía, vos volverías. Este es el final que yo te estoy dando. A vos, a mí, a la historia que no fue. Voy a cerrar con llave la cerradura de la puerta que divide tu vida de la mía. Voy a poner tres trabas y un candado, por todos esos besos que no fueron, ese dolor en el pecho, esos ojos que perdieron su brillo, ese amor que no me correspondió.

No podía permitir que se consumiera el brillo de tu mirada, que ya empezaba diciéndome 'adiós''. Que me hacía sentirte lejos, cada vez más. Dolía que sea tan notorio, cómo el encanto se rompía. Ya no éramos los mismos. Y yo lo sabía por mi reflejo en tus ojos, y vos porque mis ojos no te daban la imagen que esperabas. Juro que alguna vez llegué a leer en tus ojos, unas letras de desilusión, que me hirieron de adentro hacia afuera. Todavía guardo aquella mirada, y cada vez que la recuerdo siento escalofríos.
No sé qué pasó, pero anoche, sin quererlo evoqué tus recuerdos. De verdad creí que ya te había olvidado, o por lo menos, bien lo estaba intentando. Será que hace unos días fue una fecha importante para nosotros, y yo todavía no me acostumbro a la idea de que no exista un 'nosotros'. No creo en las casualidades, así que sin más preámbulos, debo reconocerte que últimamente te estoy extrañando más de lo habitual. Es como si fueses un recuerdo recurrente. Es como si no pudiera evitar que te aparecieras en mi vida, en cualquier lugar, en todo momento. Es como si me gustara saber que te llevo a todos lados conmigo. Tal vez sea, porque hace días vengo analizando el hecho de intentar desplazarte de a poco de mi vida. Siento que es necesario. Lo es.

Tal vez de todo eso que fuimos, terminamos siendo nada. Yo te quise. Me dolió saber que no correspondías a ninguna de mis sinceras palabras. Me dolió saber que te creí, creí en tus palabras, mientras con tu mirada te burlabas de que yo de verdad creía que los dos sentíamos lo mismo. A decir verdad, ni yo sé lo que sentía.

Lo único que esperaba de vos es que si, por alguna de esas casualidades me decías que me querías, que fueses sincero, nada de mentiras. Quería que me quisieras por propia iniciativa, y no porque yo lo quería. Quería que me necesitaras para estar bien quizá tanto como yo te necesitaba a vos, que me llamaras cada vez que decías extrañarme. Quería que me miraras a los ojos, mientras me hablabas. Hubiese querido, que pensaras más en mí, y en que no tenías por qué lastimarme. Yo lo hubiese entendido, de todos modos. ¿Cuánto de diferente hubiese tenido haber escuchado antes la verdad escrita en tus ojos, que la mentira dicha por tu boca?

Todavía no entiendo cómo es que no me puedo soltar de vos, no puedo dejarte ir por completo. A veces, intento dejarte ir, pero me aferro a alguna cosa que haga que no te olvide del todo, y cuando siento necesidad de pensarte, recurro a eso, y te vuelvo a traer por completo. No puedo dejarte en el olvido. Creo que sentiría como si me faltase algo. Y mi inconsciente tampoco me ayuda, siquiera a desprenderme de vos, y con lo que me cuesta hacerlo. ¡No sé por qué hasta tenés que hacerte presente en mis sueños! ¿No te alcanza con carcomerme durante el día, que necesitás que sean 24 horas completas?

Te dejo todos esos silencios incómodos, los portazos, la fugacidad de los besos rutinarios, el sabor amargo de las promesas rotas, los sueños que no llegamos a concretar. No quiero nada de eso. No. Ahora sí, creo que llegó la hora de cerrar la puerta con llave, no quiero intrusos en mi vida. No quiero dejarte volver. No me perdonaría algún otro momento de flaquezas, ni de debilidad. No podría permitirme volverme a enamorar de quién yo creía que eras, de lo que vos querías que yo creyera.


Hoy volvió a mi mente, después de tanto tiempo sin buscarlo, tu recuerdo que quise guardar en alguna valija, para olvidarlo -de casualidad- en algún armario, en alguno de esos interminables viajes, en alguno de esos hoteles caros, en el asiento de atrás de algún auto importado.

A veces siento que si me llegara a deshacer de esa maleta, sentiría que mi vida estaría incompleta. Como si le faltara una última pieza al puzzle, y esa pieza fuese la que lo completase por completo. Es decir, sentiría que me falta una parte, no menos importante que el resto, por supuesto. Y por supuesto, también, que no encajaría de manera perfecta, ni una otra 'parte' que no fuese aquella.

Es como si en ella, estaría ese pedazo de mi vida del que no soy totalmente conciente, pero sé que existe. Sólo porque así lo indica su etiqueta. Con unos 50 kilos de sueños rotos, palabras que flotan en la habitación, suspiros que decoran el techo como la humedad de las paredes, promesas que decidiste descartar.

Dudo mucho que fuese capaz de deshacerme de lo que me mantuvo con vida durante todos aquellos años, y más también. Era el motor que hacía funcionar mis engranajes, era lo único que me impulsaba a sentir. Me enseñó que recordar, además de ser una solución, podría causar el problema. Dudo mucho que fuese capaz de descartarte, de aquella manera tan bizarra y para siempre. Jamás tuve el valor de deshacerme de nada que me mantuviera atada a mí misma, que me ayudara a entender quién soy y por qué. Sé que no sería tan fácil sacarte de mi vida, aunque es cierto que lo pensé. Dudo mucho que llegase a soportar el dolor que me causaría saber que además de a vos, perdí a tus recuerdos. Lo único que atestigua tus pasos por mi vida, en estos momentos.

A veces siento, que esa valija no es más que un peso para mí. Porque, en cierto modo, me obliga a permanecer en mi pasado; a no poder avanzar porque su peso es más del que yo podría cargar. Es como si, a cada lugar que voy, estoy acompañada de mi pasado turbio, que ya no me deja en paz. De sólo pensarlo me asusta la idea de creer que, aunque vos no quieras, yo te llevo a todos lados.

Me cansa cargar y llevar todo eso conmigo; aunque, confieso, me aterraría no tener de dónde recordar. Dolería más mi vacío de vos, que el peso de la valija de nuestros recuerdos, que debo llevar arrastrando de lo pesada que está.

A veces olvido decirle a las personas que recién entran en mi vida, que tardo mucho en dar vuelta una página, y mucho más cerrando un capítulo. Olvido decir que entiendo todo al reves, que escucho lo que quiero y que prefiero no ver lo que me hace mal. Que digo lo que siento y muy pocas veces lo que pienso. Que prefiero mil veces los silencios, a mil palabras sin sentido. Que soy caprichosa, ciclotímica, que a veces no encuentro palabras para expresar lo que me pasa. Que soy vacía, pero me lleno con nada. Que el orgullo me pesa más que el corazón.

Olvido decir que me encanta escribir cosas sin sentido y leer novelas del siglo pasado. Que lloro mucho mirando películas trágicas o románticas. Que me encanta ser partícipe de la felicidad de las personas; que amo caminar en silencio, que me gusta mucho escuchar música mientras mi mente me transporta a algún otro tiempo, a otro lugar, a otra circunstancia. Que amo la soledad en días nublados, y no puedo evitar sonreír aún cuando estoy mal. Que por las noches, amo asomarme a la ventana, y ver todas esas estrellas en el firmamento brillando para mí, que amo soñar despierta y que a menudo, confundo la realidad. Que soy débil, pero aprendí a disimular. Que no sé desprenderme de las cosas, que detesto las despedidas; que los 'hasta siempre' no existen, que equivalen a un período de tiempo impreciso, el más corto que puede existir.

Olvido decir que me gusta escribir en primera persona, historias que no son mías, pero en algún momento me hubiese gustado que lo fueran. Que me encantaría terminar de escribir alguna de las ocho novelas que empecé. Que en algún lugar de mi mente, almaceno y colecciono recuerdos que no pienso borrar. Que amo la Historia europea y el arte renacentista. Que me encanta la Pintura, a veces, mucho más que la Literatura. Que amo los muebles de época, y escuchar música clásica mientras miro el techo, y me acuerdo de que alguna vez dije que me gustaría aprender a tocar el piano. Que sueño con ser escritora, con publicar libros, con llegarle a las personas con mis letras; con conocer Europa.

Olvido decir que lloro por cualquier cosa, y en la oscuridad y el silencio de la noche; que me encanta mirar el vacío y pensar en nada, que me puedo perder en los ojos de las personas. Que soy muy observadora y detallista, que le busco todos los significados a las palabras. Que no puedo ver las cosas desordenadas, que me frustro cuando no puedo escribir. Que todavía sueño con llegar a la Luna, como cuando era chica, o con adueñarme de un pedazo de nube. Que me encantaría visitar algún castillo de Irlanda, y caminar por la Quinta Avenida. Que me hago tantas ilusiones con todo, que vivo desilucionándome. Que, soy simpatizante de los que dicen que el olvido no existe, no es más que una excusa para negar todo eso que no somos capaces de afrontar. Que el sólo hecho de pensar en el olvido, me aterra.

Quiero abrir los ojos y encontrar todo como estaba antes de que te hubieras ido. Quiero ver toda tu ropa en el placard, tu cepillo de dientes en el baño, tus huellas en el piso de cerámica, tus papeles del trabajo en el escritorio de la oficina; quiero oler tu perfume en el aire, en la habitación, impregnado en las sábanas, y encontrar tus medias debajo de la cama. Quiero ver tu sonrisa al despertarme, y envolverte entre mis brazos, y no soltarte para sentir que más que dándote un abrazo yo te estaba tomando preso, para que mientras yo no te soltase, tú te quedarías conmigo y no podrías irte. Quiero no ser inmune a tus efectos secundarios cada vez que me miras con esos ojos tiernos y claros que tienes. Quiero que me levantes cada mañana con un beso en la frente, y quiero decirte todas las noches cuánto te amo, antes de que apaguemos las luces de los veladores. Quiero escucharte cantar todas las tardes, mientras trabajas frente al monitor. Quiero ver tus libros desparramados sobre la mesa ratona, que dejes todo tirado y me digas que después lo acomodarás. Quiero abrazarte mientras vemos esas películas que tanto te gustan y que a mí tanto me aburren. Quiero que me mires y que por primera vez entiendas, que si te digo que te extraño, es porque te necesito más que al oxígeno que respiro; y si te digo que te amo, no es para que lo dudes, sino para que sepas que realmente lo hago.
¿Por qué siempre que digo que lo odio, no es realmente eso lo que siento? Por más que no pueda no odiarlo después de todo lo que me hizo. Todavía cuando le digo que lo quiero y que lo extraño, no le estoy diciendo más que la verdad.

Soy real y sincera, no te digo nada más que lo que siento. Extraño tus palabras dulces, los roces de tu piel con la mía, tus abrazos, tus besos tan llenos de vos. Extraño que me levante 'Stick-with-you' en el celular, y leer un mensaje tuyo, al despertarme. Extraño hablar con vos todas las noches. Pero más te extraño a vos.

Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar. Decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas. Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución. Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis. Decidí ver cada noche como un misterio a resolver. Decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz. Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos. Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar. Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui, me dejó de importar quién ganara o perdiera. Ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer. Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino dejar de subir. Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien Amigo. Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, el amor es una filosofía de vida. Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente. Aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás. Aquel día decidí cambiar tantas cosas. Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad, desde aquel día ya no duermo para descansar. Ahora simplemente duermo para soñar.
Walt Disney